Balenciaga. La experiencia del lujo

La Alta Costura se puede considerar, desde sus inicios, como la expresión máxima de una experiencia lujosa y específicamente femenina.   

Un mundo de exclusividad y exquisitez en torno a las creaciones, diseñadas por los couturier y realizadas mediante métodos artesanales, a los códigos de etiqueta, que marcan el proceso de compra, y a los contextos sociales en los que se exhiben creaciones y clientas. 

Las clientas de Alta Costura, miembros de una élite, conceden gran importancia al vestuario que lucen en sus numerosas interacciones sociales, símbolo externo de su personalidad, estatus y estilo de vida. Las Casas de Alta Costura son para ellas clubes selectos donde se da razón del éxito social de cada una.

El estilo atemporal de Cristóbal Balenciaga, con un progreso lento y calculado, siempre va por delante unos cuantos años de la moda existente, acentuándose mediante los imperceptibles detalles, generando confianza, comodidad, elegancia y belleza.  Sus clientas se sienten identificadas con la doctrina de la casa: “Estar bien vestida nada tiene que ver con la largura de la falda o la altura de la cintura. No es tan sencillo. Una mujer debe descubrir primero su propia personalidad, y vestir de acuerdo con ella. El rol del modisto es hacer confecciones que ensalcen esa personalidad. Toda mujer posee elegancia en sí misma, solo hay que sacarla fuera”. Cristóbal Balenciaga. LADIES HOME JOURNAL, septiembre de 1956. 

Ese es el lujo que proporcionaba Cristóbal Balenciaga y esa es la experiencia a la que esta exposición quiere asomarse, desde la perspectiva de sus protagonistas, las clientas, pero sin olvidar a quienes la generan dentro de la maison.